Cuando bajan las temperaturas, muchos perros buscan el sofá, la alfombra o nuestra cama. No es capricho: el suelo frío les quita mucho calor mientras duermen. Unos pocos cambios hacen que descansen mejor en su propio sitio.
Sepárala del suelo frío
El suelo de baldosa o de terrazo roba calor enseguida. Una cama con buen grosor o con base aislante marca la diferencia. Si la cama es fina, ponle debajo una alfombra o una manta doblada.
Lejos de corrientes, radiadores y puertas
Busca un rincón sin corrientes de aire: ni junto a la puerta de la calle ni debajo de una ventana. Tampoco pegada a un radiador o una estufa, porque pasan calor y la piel se reseca.
Bordes para apoyarse y enroscarse
En invierno casi todos los perros duermen más hechos una bola. Las camas con borde alto les permiten apoyar la cabeza y guardar el calor. Las de tipo cesta son muy cómodas para eso.
Base antideslizante
Con el suelo frío y liso, una cama que resbala acaba arrugada en una esquina. La base antideslizante hace que se quede en su sitio.
Perros mayores y de pelo corto
Son los que más notan el frío. Para ellos compensa una cama algo más gruesa y amplia, y una mantita encima. Si ves que le cuesta levantarse por la mañana, coméntalo con tu veterinario.
Una cama que se pueda lavar
En invierno entra más barro en casa. Una cama lavable o con funda extraíble te ahorra disgustos. Te lo contamos en cómo lavar la cama de tu perro.
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