La cama del perro acumula pelo, polvo y ese olor tan característico mucho antes de lo que pensamos. Lavarla con frecuencia es bueno para él y para la casa, pero hay que hacerlo bien para que no se deforme ni pierda el relleno.
1. Antes de lavar: quita el pelo
Sacude la cama en el exterior y pásale el aspirador o un rodillo quitapelos. Si metes en la lavadora una cama llena de pelo, gran parte se queda pegada en el tambor y en el resto de la ropa.
2. Mira siempre la etiqueta
Es lo que manda. Muchas camas se pueden lavar enteras en la lavadora a baja temperatura, y otras tienen funda extraíble para lavar solo la funda.
3. En la lavadora
- Programa delicado y agua fría o templada (30 ºC como mucho, si la etiqueta no dice otra cosa).
- Detergente suave y poca cantidad. Los perros tienen un olfato muy fino y los perfumes fuertes les molestan.
- Sin suavizante: deja residuos que pueden irritar la piel y apelmazar el relleno.
- Centrifugado bajo, para que no se deforme.
4. El secado
Mejor al aire, a la sombra y dándole la vuelta de vez en cuando. La secadora a temperatura alta puede encoger la funda o apelmazar el relleno. Asegúrate de que está completamente seca antes de devolvérsela al perro: la humedad es lo que genera el mal olor.
¿Cada cuánto?
Como referencia, un lavado completo cada una o dos semanas y un repaso con el aspirador cada pocos días. Si tu perro sale mucho al campo o está mudando el pelo, algo más a menudo.
Un truco: tener una manta o una segunda funda para cambiarla mientras la otra se seca. Así el perro nunca se queda sin su sitio.