Es una escena conocida: cama nueva, bonita, en su rincón… y el perro tumbado en las baldosas a dos metros. No es que le haya salido caprichoso. Normalmente hay un motivo concreto, y tiene arreglo.
1. El sitio está mal elegido
Es la causa más frecuente con diferencia. Los perros son animales de grupo y duermen donde está su gente. Una cama en el pasillo, en un cuarto vacío o en la terraza no la va a usar, por cómoda que sea.
Dónde sí funciona:
- En la habitación donde pasáis el rato, normalmente el salón.
- Contra una pared o en una esquina. Necesita sentir la espalda cubierta para relajarse del todo.
- Fuera del paso, no en mitad del tránsito de la casa.
- Lejos de la puerta de entrada (cada ruido le pone en alerta) y lejos del radiador.
Si tienes casa grande, dos camas en dos sitios distintos resuelven mucho más que una sola perfecta.
2. La cama no es de su tipo
Mira cómo duerme tu perro cuando nadie le ha puesto nada delante. Esa postura te dice qué cama necesita.
- Se hace una bola. Necesita bordes altos donde apoyar la cabeza: una cama tipo donut o redonda con reborde.
- Se estira del todo, patas fuera. Los bordes le estorban. Colchón plano rectangular, y amplio.
- Se mete debajo de las mantas o de los muebles. Es un perro que busca cueva. Una cama cerrada con techo le va a encantar; una abierta no la usará nunca.
- Es mayor o tiene problemas de articulaciones. Necesita un colchón firme, no uno que se hunda, y bordes bajos para entrar sin saltar.
3. La talla se ha quedado corta
Mide a tu perro tumbado y estirado, del morro a la base de la cola, y súmale entre 15 y 20 cm. Si la cama le obliga a encogerse cuando él lo que quiere es estirarse, no la va a usar. Ante la duda, siempre la talla mayor.
4. Huele a tienda, no a casa
Una cama recién sacada del plástico huele a fábrica, y para un perro eso es un objeto extraño. Pon dentro una camiseta vieja tuya sin lavar, o la manta que ya usaba. En dos o tres días la cama pasa a oler a territorio propio.
Cómo enseñarle a usarla
- Premídale cada vez que entre por su cuenta. Aunque sea a olfatear. Un premio pequeño, sin fiesta, para no sacarlo de la calma.
- Dale de comer cerca de ella los primeros días, o déjale ahí un juguete de morder.
- Nunca la uses como castigo. Si «a tu cama» significa que has hecho algo mal, la cama pasa a ser un sitio desagradable.
- Y no le molestes cuando esté dentro. Ni caricias, ni sacarle de ahí. Que aprenda que en su cama no le va a pasar nada.
Y si lo que quiere es el sofá
Ahí la decisión es tuya, pero sé coherente: o puede subir siempre, o no puede nunca. Un perro al que a veces se le deja y a veces se le echa no entiende la norma, y lo seguirá intentando cada día. Si no quieres que suba, pon su cama al lado del sofá, no al otro lado del salón: lo que busca es estar contigo, no el cojín.
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